Cuando el deshielo abría puertos, los pastores bajaban con queso, lana y noticias, y regresaban con sal, instrumentos y herramientas. Aquellas rutas tejieron confianza entre aldeas, asentaron medidas justas y convirtieron plazas pequeñas en escuelas móviles. Hoy, los relatos de esos intercambios siguen guiando precios, calendarios y el trato cercano que convierte cada compra en una alianza afectuosa.
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